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Los videojuegos españoles que hicieron historia

Entre 1983 y 1992 España vivió su edad de oro del software: compañías como Dinamic, Opera Soft y Topo Soft llenaron de juegos propios los ordenadores de 8 bits. Esta es su historia.

Entre comienzos de los años ochenta y los primeros noventa, España vivió un estallido creativo en el mundo del videojuego que se conoce como la edad de oro del software español. Fue una época en la que un puñado de jóvenes, casi todos autodidactas, programaron en sus domicilios juegos que se vendieron por toda Europa. El país llegó a ser, durante aquellos años, uno de los principales productores de software de 8 bits del continente, solo por detrás del Reino Unido.

El caldo de cultivo

El fenómeno no se entiende sin el ordenador doméstico. La llegada a España de máquinas como el ZX Spectrum, el Amstrad CPC, el MSX y el Commodore 64 puso un ordenador de verdad al alcance de muchas familias, y con él la posibilidad de programar en casa. A eso se sumó una prensa especializada muy activa: revistas como MicroHobby, aparecida en 1984, y Micromanía, en 1985, publicaban listados para teclear, trucos y análisis, y funcionaron a la vez como escuela y como escaparate.

De ese entorno surgieron los llamados programadores de dormitorio: adolescentes que aprendían ensamblador por su cuenta, muchas veces sin más manuales que unas pocas fotocopias. La comunidad era pequeña, se conocía entre sí y competía por publicar en las mismas revistas. Ese ambiente, más artesanal que industrial, fue el que dio lugar a las compañías que hoy se recuerdan.

Las compañías que marcaron la época

La primera gran referencia es Dinamic Software, fundada en Madrid en 1984 por los hermanos Pablo, Víctor y Nacho Ruiz Tejedor, a la que luego se sumó el menor, Gaby. Empezaron vendiendo cintas por correo con títulos como Yenght, y desde la buhardilla familiar —bautizada como la Mansión Dinamic— fueron creciendo hasta tener oficinas en la Torre de Madrid. De su catálogo salieron juegos muy populares como Abu Simbel Profanation, Camelot Warriors, Game Over, Army Moves, Navy Moves, Fernando Martín Basket Master y After the War. La compañía cerró en 1992, aunque los hermanos fundarían después Dinamic Multimedia, responsable del fenómeno PC Fútbol.

En 1986 apareció Opera Soft, que debutó con Livingstone Supongo. Su obra más celebrada es La Abadía del Crimen, publicada en 1987 y programada por Paco Menéndez con gráficos de Juan Delcán. El juego, inspirado en El nombre de la rosa de Umberto Eco, toma su título del que el propio Eco había usado de forma provisional para la novela, ya que los autores no consiguieron los derechos del original. Se considera uno de los títulos más ambiciosos del catálogo español de 8 bits.

También en 1987 nació Topo Soft, surgida en el entorno de la distribuidora Erbe Software a partir del trabajo de Javier Cano y Emilio Martínez. Topo destacó por su capacidad comercial y por los juegos deportivos con rostros famosos. Su Emilio Butragueño Fútbol, de 1988, superó las 100.000 copias vendidas, y su Mad Mix Game llegó incluso a servir de base para una promoción de Pepsi. Un paso anterior en el tiempo fue Made in Spain, el grupo que creó Fred en 1983 y Sir Fred en 1986, y del que nació después Zigurat, dedicada a la distribución y responsable de títulos como El misterio del Nilo o el Carlos Sainz de rallies.

A estas hay que añadir Aventuras AD, creada en Valencia como escisión del sello de aventuras de Dinamic. Se especializó en la aventura conversacional, el género de texto que se jugaba escribiendo órdenes, y popularizó títulos como La Aventura Original, de 1988, y El Jabato, de 1989.

Los juegos que hicieron historia

Más allá de las cifras, hay títulos que definieron el gusto de una generación. Abu Simbel Profanation, con su dificultad legendaria, se convirtió en un desafío colectivo. La Abadía del Crimen demostró que un juego español podía tener una ambición narrativa y artística poco habitual. Mad Mix Game llevó el género del laberinto a un terreno propio. Emilio Butragueño Fútbol unió el deporte y la fama televisiva. Y La Aventura Original puso al alcance de miles de jugadores un género que exigía leer y escribir, algo que no abundaba en el mercado.

Ya en los años noventa, cuando la escena de 8 bits se apagaba, PC Fútbol, de Dinamic Multimedia, se convirtió en el gran fenómeno de masas del videojuego español, con un seguimiento que se prolongó durante varias temporadas. Y en 1998, Commandos, de Pyro Studios, demostró que un estudio español podía competir con éxito en el mercado internacional con un juego de estrategia.

El final de una era y su herencia

La edad de oro terminó a comienzos de los noventa por varias razones a la vez. El mercado se desplazó hacia las consolas y hacia los 16 bits, y ese salto exigía inversiones y equipos que muchas compañías no podían asumir. La piratería redujo los ingresos, y el precio de los juegos de 8 bits se derrumbó en un intento de competir que dejó los márgenes por los suelos. Entre 1992 y 1994, la mayoría de las compañías emblemáticas cerró.

Sin embargo, su legado es enorme. Aquellos juegos fueron el primer contacto con la informática para toda una generación, y hoy se estudian como patrimonio. Varios títulos forman parte de las colecciones de instituciones culturales, y existen museos, reediciones y proyectos de preservación que mantienen vivos los originales. Además, muchos de los profesionales formados en aquella época siguieron en el sector y ayudaron a construir la industria actual.

La edad de oro no fue solo una moda nostálgica: fue la prueba de que, con pocos medios y mucho ingenio, España podía crear videojuegos con voz propia. Aquellas cintas y disquetes guardan algo más que entretenimiento; guardan el testimonio de una generación que aprendió a programar sin que nadie le enseñara y encontró, en el microordenador doméstico, una puerta a la creación.