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El ZX81 y el boom del ordenador barato: un Sinclair en cada salón

Cómo el ZX81 puso un ordenador de verdad al alcance de una familia media en 1981, qué se podía hacer con él y por qué marcó a toda una generación de aficionados.

A comienzos de los años ochenta, un ordenador seguía siendo un objeto caro y casi misterioso, más propio de una oficina o de una facultad que de un salón familiar. La empresa británica Sinclair Research, fundada por Clive Sinclair, se propuso cambiar esa realidad con una idea sencilla y radical: vender un ordenador completo por el precio de un aparato de electrónica de consumo. El resultado fue el ZX81, la máquina que, más que ninguna otra, acercó la informática a las familias de a pie.

Sinclair no era un fabricante tradicional de ordenadores. Provenía del mundo de la electrónica de consumo barata —calculadoras, radios, kits de montaje— y aplicó a la informática doméstica la misma obsesión por reducir costes: menos componentes, un diseño mínimo y una fabricación ajustadísima. Esa filosofía, que a veces rozaba la austeridad extrema, fue precisamente lo que hizo posible el milagro del precio.

El precedente: el ZX80

El camino empezó en 1980 con el ZX80, un ordenador muy básico que Sinclair vendía tanto en forma de kit para montar como ya ensamblado. Era una máquina con un microprocesador Z80, poca memoria y una salida de vídeo que se conectaba al televisor doméstico. Aunque sus prestaciones eran mínimas, dejó claro que existía un público enorme dispuesto a comprar un ordenador si el precio era lo bastante bajo.

El ZX80 tuvo sus limitaciones técnicas —entre otras, la pantalla se apagaba cada vez que la máquina ejecutaba un cálculo, la conocida como «slow mode»—, pero demostró la viabilidad del proyecto. Sinclair entendió que el siguiente paso debía corregir esos defectos sin disparar el precio, y se puso a trabajar en una versión mejorada.

El ZX81: mucho por muy poco

El ZX81 apareció en el Reino Unido en marzo de 1981. Se vendía en dos versiones: como kit para ensamblar por el propio usuario, todavía más barato, y ya montado y listo para usar. Aquel precio, para una máquina que era un ordenador de verdad y no un juguete, fue un terremoto comercial: por primera vez, muchas familias pudieron plantearse comprar uno.

En su interior latía un microprocesador Zilog Z80, la misma familia que usarían después otros muchos ordenadores domésticos. La memoria era testimonial —apenas 1 KB de RAM—, lo que obligaba a un uso ingenioso y económico del poco espacio disponible. Ampliarla era casi una necesidad, y para eso existían los famosos «RAM packs», cartuchos que se enchufaban detrás y que, con demasiada frecuencia, se soltaban y borraban lo que se estaba haciendo.

La máquina arrancaba directamente en una versión del lenguaje BASIC guardada en su memoria ROM, de modo que encenderla y empezar a teclear órdenes eran casi lo mismo. Su teclado era una superficie plana de membrana, sin teclas en relieve, poco agradable para escribir mucho, pero suficiente para dar los primeros pasos. La imagen se veía en blanco y negro en el televisor, y la máquina no tenía sonido, algo que para los juegos era toda una limitación.

Qué se podía hacer con un ZX81

A pesar de sus carencias, el ZX81 ofrecía mucho más de lo que su precio sugería. Con él se podía:

El gran atractivo residía en la programación. Muchos usuarios no se limitaban a consumir software: escribían el suyo, lo compartían y lo publicaban en revistas. Aquello convirtió al ZX81 en una herramienta de aprendizaje formidable, porque obligaba a entender el funcionamiento de la máquina para sacarle partido.

Un fenómeno que cruzó fronteras

El éxito del ZX81 no se quedó en el Reino Unido. En Estados Unidos se comercializó una versión bajo la marca Timex, la Timex Sinclair 1000, que llegó al mercado estadounidense en 1982 con algunas modificaciones, entre ellas algo más de memoria. El diseño inspiró además numerosos clones y copias en distintos países, señal de hasta qué punto el concepto había dado en el clavo.

En España, el ZX81 se distribuyó a través de canales comerciales que ya trabajaban con los productos de Sinclair, y contribuyó a crear el caldo de cultivo para el posterior desembarco masivo de su sucesor, el ZX Spectrum. Aunque no alcanzó la popularidad del Spectrum, fue para muchos aficionados españoles la primera vez que vieron un ordenador en casa.

El legado del ZX81

El ZX81 fue un peldaño decisivo, no un final. Su éxito empujó a Sinclair a desarrollar en 1982 el ZX Spectrum, con color, más memoria y sonido, que se convertiría en uno de los ordenadores domésticos más vendidos de la historia y, en España, en un auténtico fenómeno social.

Más allá de eso, el ZX81 demostró que existía un mercado de masas para la informática personal y que el precio era la barrera clave. Su minimalismo extremo —el plástico negro con el teclado de membrana es hoy un icono— sigue evocando una época en la que tener un ordenador en casa era, por primera vez, algo posible para casi cualquiera. Aquella pequeña máquina cumplió una promesa que parecía imposible: un ordenador para todos.

Juegos de ZX81 en el catálogo

2K Games Pack (1982) Adventure A: Planet of Death (1981) Alerta Vermelho (1984) Aventuras na Selva (1983) Dodgems and Connect 4 (1982) Gunfight Hopper Love And Death (1982) Lunares Insaniam (2022) Polaris (1984) QS Asteroids (1981) QS Defender (1981) Raider Saint Dragon SAR: Search and Rescue (1989) Tournament Tennis (1984) ZX Asteroids (1982)